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Nos vamos muriendo de a poco. Frase armada y dicha mil veces y de mil modos distintos no? Nunca he sido demasiado original.
Como en un zoológico, venimos a ser monitos. Desesperados tras la jaula mientras Destino/Realidad/Muerte nos tiran pedacitos de comida y nos señalan.
Mira mira a ese que esta ahí en la esquina. Sí sí el peladito. A ese tirale un pedacito de tomate podrido. Total come cualquier cosa.
Y el pelado come tomate podrido. Entre otras cosas. Pero a veces de tanto revolver entre la mierda saca un pedacito de atún.
Las pequeñas cosas son las que nos matan. Lentamente. De a pasitos.
Morimos esperando la llamada que no llega. No cinco minutos tarde. No una hora. NO LLEGA.
El NO es tan persistente como el agua. Nos golpea hasta perforarnos. Y cuando logró entrar, se instala y nos va inundando.
De a poco, que el sufrimiento es mejor si dura mas.
Puteamos al destino, nos desangramos. Y seguimos pa' delante con la cabeza apuntando a los pies. Tercos por naturaleza o ceguera.

Resulta duro aceptar que hemos dejado de ser prioridad para alguien. Resignarse y escuchar la voz que hace certera la decisión que otro tomo por nosotros.
Y aún cuando te vas secando, cada día en medio del gris esperas la mano que llegue te acaricie y te haga volver.
Volver a ser. El chico grandote tímido de sonrisa chiquita y colorada que dejaste de lado cuando los callos llegaron.
Y es duro de ver como con cada frustración te vas secando.

Hacé un recuento de tu vida. Al menos hasta ahora. Sé imparcial. La edad no es excusa para la ceguera. Cuantas cosas deberías olvidar. Cuantas merecen la pena ser recordadas. Sé honesto y no pongas flores donde no van. El conteo duele no?

Mientras nos vamos muriendo, extrañamos. No lo que fuimos, no lo que dejamos de ser. Extrañamos lo que nunca fuimos. Ni hablar, lo que podriamos haber sido.

Clave para seguir:

VOS SOS MAS MIERDA QUE YO.
LOS DOS LO SABEMOS.
SOLO QUE LOS DOS NO LO ADMITIMOS.

Si lees esto, no quiero caricias en la espalda. Ni consejos lastimeros. Las palmaditas son para los parientes del difunto. Y yo todavía estoy. Aunque no lo parezca, no me pellizques que sigo teniendo la mordida casi intacta.









"...até mis mejores flores. En un burdo intento de adorno las ahorqué con el mas bello lazo que pude encontrar revolviendo el interior de esta casa hecha pedazos.
Sonriendo mansamente me acerque a vos, ... y me entregué"


Carajo, menos mal que tiempo después las flores volvieron a crecer.

Año VI



La mañana que nací, Marta Angela casi tiene que irse sola al hospital. Hector Angel, que siempre fue un tipo muy festivalero y alegre, estaba con ella en pleno carnaval. Pero daba penita irse.


Es que según cuenta la historia y el anecdotario familiar, se estaba tan lindo que dolía supender la fiesta. Esperaron hasta último minuto, bailando y riendo. Cuando se hizo ya inevitable la partida, fueron TODOS los presentes (amigos, no tanto, conocidos y curiosos) rumbeando en caravana a recibirme.




... hoy tengo 36 años. No creo que haya diferencias notables con respecto a los 35; pero si las hay, que sean para mejor carajo. Que de palos ando dolido.

Clase Teorica II .-

Es obligatorio, casi un asunto de sumo valor ético y de vida o muerte, cometer el mismo error dos veces en la vida.
Atenti, ojo. No más de dos. Error y corroboración del mismo.
Después... después salir a la cacería de nuevas posibilidades de borracheras olvidatorias, reproches, sentimientos de culpa, angustias diversas. De darse de chichones contra la pared.
Mirá, hay todo un mundo de posibilidades afuera.

Clase Teorica I.-

Mirá nene, la suerte es sólo momentánea. Y para algunos, simplemente una ilusión.
Vos, como yo y como muchos, pertenecemos al segundo grupo. Nos tocó EN SUERTE no tener suerte.
Así que arremangate, subite los pantalones y empezá a caminar por el charco.
Que acá nene...acá vas a tener que pelarte el orto.

Patadas

Al principio, el karma del eterno irse.
A los 18 me instalé en Cordoba, tratando de ser músico de estudio y libro. Desistí al año, luego de conocer casi todos los peores/mejores bares de la ciudad.
Repetí ciudad a los 23, escapándole a la muerte de un padre y pretendiendo ser un futuro psicólogo. En realidad... en realidad pasé dos años tratando de acercarme a una hermosa y voluptuosa (?????) morocha compañera de estudios. Y aplique toda MI psicología en intentar convencerla del diamante en bruto (sobre todo bruto) que tenía al lado de su asiento.
Nunca pase de cuatro o cinco materias. Ni de la morocha, a la que nunca pude alcanzar.
Y volví a reencontrarme con los peores bares, que habían perdido el glamour del misterio y eran solo ratoneras llena de humo, malos olores y caras perdidas.
Traté durante años de escribir un verso hermoso, positivo, optimista.

Busqué inspiración divina en los estereotipos. Probé en la dulzura de las flores, en la belleza de una pareja mirando el horizonte. En los ancianos y sus miradas plenas de sabiduría...hasta intenté ver un amanecer, pero considerando que tomo como principio inalterable de vida no amanecer antes de las 10 A.M., desistí de tamaño sacrificio y dejé ESA belleza para las tiras televisivas o sin dudas las cadenas de mails en powerpoint.
Y comprobé que estoy lejos de ser Bucay. Faltan cosas fundamentales. No tengo su mirada, ni su panza, ni siquiera su pelo. Mucho, mucho menos su billetera.

Nunca pude escribir sobre ranitas pataleando en potes de crema hasta transformarla en manteca o algo por el estilo.
A lo sumo he pataleado en charcos de cerveza barata, pero siendo tímido e introvertido como soy no me animo a detallar la experiencia.
Mirá, en esta vida se torna sencillo pensar en margaritas, arcoiris y heidis corriendo por la campiña si tenemos la panza llena y las preocupaciones congeladas.
En fin, igual Bucay... no. No me gusta esa cara de goloso con barbita de vicios ocultos. Como el de fisgonear debajo de la pollera de Heidi.

Acá debo abrir otro paréntesis... a mí también me gusta Heidi. Sobre todo cuando corre. Así que te entiendo estimado barbeta glotón.
Viajé a Cuba en plan reencuentro. Y cuando reencontré... me volvieron.
Tiré mis mierdas en el inodoro del perdón. Las tiré sin mirar, aterrado de comprobar que esa mierda era parte de mi.

Y despues de autodestruirme durante años paré.
Aunque de vez en cuando vuelva a hacerme mierda.

Pero solo como recordatorio.
En un principio, el karma del eterno irse.
Hoy, el karma es la continuidad. Mejor expresado, la falta de ésta.

Pero, mientras, aca estoy. Una vez más.
Sigo vivo. Entre Aliens y Margaritas sonriendo.
Tratando de patearle el orto al destino.
De a poco, paso a paso, ganandole metros a la inercia.
Volviendo a sonreir, y esta vez sin que sea una mueca grotesca.