La herencia del nono José

José, mi abuelo paterno, fue todo un personaje en mi niñez. Carnicero retirado, burrero por vocación y amigo de visitar "su" bar todas las tardecitas. Radical militante en una época donde militar en algo era situación compleja. Hombre de a caballo y facón escondido en la cintura.
Y un tipo jodido. Muy.
Gracias a él pisé por primera y única vez un hipódromo. Camine por Villa María (para los que no la conocen, la recomiendo, tiene algo) acompañado de este hombre grandote de buen bigote blanco y paso decidido sintiéndome especial y rodeado de magia. De la mano (se imaginan un tipo rudo, de metro noventa, con facón en la cintura caminando de la mano con un nene de seis años?) me llevaba a recorrer fábricas donde trabajaban amigos, que se desvivían por quedar bien parados ante el Nono josé. De estas situaciones siempre el beneficiado era quien acá escribe, que recibía un trato casi como de "señor importante" volviendo al hogar empachado de cocacolas, alfajores y demás artículos suntuosos.
José no era un tipo fácil en absoluto. Terco al extremo. Austero en sus modos y mas aún en sus demostraciones. Pero yo era su único nieto varón, así que tenía ciertos privilegios.
Los verano los pasaba en su casa. Tres meses de magia. Con un patio que incluía un gallinero misterioso, caballos asomando por el tapial, muchísimos pájaros en jaulas, dos teros sueltos casi dueños de toda la casa y plantas plantas y mas plantas. Durmiendo hasta tarde. Desayunando mate cocido y pan con manteca y azúcar mientras él tomaba sus mates y Cori (mi abuela) empezaba a preparar el almuerzo para quince, aunque eramos solo tres. Siempre en silencio.
Tardes de pescar mojarritas. Tardecitas visitando "su" bar.
Era un tipo que sin palabras excesivas despedía calma seguridad y confianza.
Como los hombres de la familia, tuvo una vida corta. Intensa, pero corta.
Cuando murió, no fue de las muertes mas lindas, si es que eso existe. Yo andaba por los diecisiete años y recuerdo a mi papá entrar super serio en el lugar donde yo estaba y decir simplemente "vamos, nos vamos a Villa María". Nada mas, no hacía falta.

Pero me dejo una pequeña herencia.

Una mañana, a mis seis años, mientras yo tomaba mi acostumbrado mate cocido y el sus mates, y rompiendo el silencio usual y casi obligatorio, mirando un punto perdido en el horizonte José, con su tono mas serio y profundo me dice: " mirá nene, hay dos cosas que nunca tenés que olvidar. Los caballeros siempre, pero siempre, usan CAMISETA. Y por mas que intentes, intentes e intentes... es al pedo empujar si la pinchila es corta"
Después, siguió con el mate y el silencio. Como si nada.
La herencia del nono se transformó en una historia. Y yo en un tipo que usa camisetas.

6 comentarios:

*AntagoniSta* dijo...

Mi abuelo se llamaba José.
si bien, no a mi abuela, pero sí a mi mamá, le dicen Cori.
Y tantas semejanzas me dan escalofríos.

El mundo es un pañuelo, supongo que esto de los blogs será algo parecido, en fin... no sea que... naaaah, dejalo ahí... :S

Mar y Sol(a veces tenue y otras no) dijo...

Sí la herencia mayor que suelen dejar los abuelos y los padres son esos diálogos que luego de pasados los años uno se da cuenta de la veracidad de sus palabras aunque en el momento nos resbalaran...
Un abrazo Javi!

val dijo...

Me emocionaste javi!
mi abuelo tambien llevaba el mismo nombre,y fue mi "compañero" de complicidades durante toda mi infancia.lo extraño,pero sé que está adentro mío.

Hermosas tus palabras

abrazo!!!!

Alma dijo...

Cuanto valen esas herencias!!!
Cuanto...que la mente las guarda celosamente no?


Saludos!

PAY dijo...

Oiga tocayo me encató lo que escribio, primera ves por acá, y realmente asombrado por su manera de contar las cosas.-.

Son pocas las cosas que recuerdo de mis abuelos, ya no los tengo a ninguno.-.

uno me enseñó a jugar al truco, nunca se lo agradecí, y el otro me inculco el amor por el fernet... alcance a tomar algunos con él.-.

Le mando un saludo... muy bueno.-.

Aldabra dijo...

un relato que irradia ternura y admiración... y muy bien contado...

todo un personaje tu abuelo... has tenido suerte.

bicos,
Aldabra